La seguidilla de vandalismos contra la propiedad privada de los productores y sus silobolsas (reservas estratégicas de la producción), parecen no tener una solución. Los ataques se repiten variando su intensidad y su frecuencia, pero siguen estando presentes, a medida que pasa el tiempo como sociedad en su conjunto empezamos a naturalizarlos a ellos y ese es el peor de los escenarios, para nuestros valores ciudadanos y el país.

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