El trágico saldo del deslave que azotó regiones de Nepal y China el miércoles pasado continuó en aumento este lunes, registrando más de 900 víctimas fatales y 4.400 personas desaparecidas. Frente a este escenario, el primer ministro nepalí, Balendra Shah, declaró que el país se enfrenta a un desastre natural de una magnitud inimaginable y desgarradora, al tiempo que aseguró que avanzan con determinación para proteger la vida de los ciudadanos.
En medio de condiciones altamente peligrosas y bajo la constante amenaza de una nueva crecida de las aguas, los equipos de emergencia intensifican la búsqueda de sobrevivientes en la remota región del Himalaya. En muchos sectores, los rescatistas operan sumergidos hasta la cintura en un pantano de barro gris y pegajoso. Por su parte, el jefe adjunto del distrito de Nuwakot, uno de los más golpeados por el fenómeno, advirtió sobre la gravedad logísticas: ya no hay rutas transitables, ya que todas fueron arrasadas por el alud.
Impacto en la infraestructura y operativos
De acuerdo con los análisis satelitales proporcionados por el observatorio europeo Copernicus, la furia del agua y el lodo destruyó más de 2.500 edificios en el valle del río Trishuli, en territorio nepalí. Pese a la devastación, se registraron episodios esperanzadores, como el rescate protagonizado por la policía nepalí de una niña de 6 años, hallada el viernes bajo los escombros con apenas la cabeza asomando y que actualmente se encuentra fuera de peligro.
Sin embargo, la preocupación se mantiene latente debido a que las autoridades nepalíes seguían sin poder establecer contacto con un centenar de obreros que se presume continúan atrapados dentro de un túnel perteneciente a una obra en construcción situada en la zona afectada.
“Fue como un tsunami”, relató un empleado de la central hidroeléctrica Upper Trishuli de 44 años desde un hospital de Katmandú, al describir el estruendo enorme y la densa nube de polvo que le hicieron creer que no saldría con vida.
Las labores de rescate se desarrollan de manera ininterrumpida, de día y de noche, con la participación conjunta de militares, policías y guías locales, además del valioso apoyo de especialistas arribados desde India, China y Corea del Sur. Del otro lado de la frontera, en la región autónoma del Tíbet en China, los equipos de emergencia enfrentan idénticos obstáculos, especialmente en el puesto fronterizo de Gyirong, cuyas instalaciones fueron completamente arrasadas.
Origen del desastre y balance de víctimas
De acuerdo con la evaluación de los especialistas, el violento torrente que destruyó todo a su paso el miércoles pasado se originó a raíz del derrumbe de un enorme glaciar, el cual transformó de manera abrupta un río que solía ser tranquilo.
Los reportes oficiales preliminares detallan la localización de un total de 955 cadáveres:
- Nepal: 939 fallecidos
- Vertiente tibetana (China): 16 fallecidos
Gracias al despliegue constante de helicópteros y patrullas de rescate, miles de personas pudieron ser evacuadas. No obstante, los gobiernos de ambas naciones confirmaron que todavía no tienen noticias de aproximadamente 4.500 personas. Dicha cifra de desaparecidos se desglosa de la siguiente manera:
- Nepal: 3.925 personas (cifra revisada a la baja respecto a un informe previo)
- China: 546 personas
Entre los desaparecidos figuran cientos de ciudadanos extranjeros, entre ellos turistas, peregrinos y trabajadores que se encontraban en la zona al momento de la catástrofe.

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