
La modalidad se aplica “con éxito” desde hace algunos meses en el colegio privado Julio Verne. Se trata de un acuerdo entre directivos, docentes y estudiantes. No busca eliminar la tecnología de la enseñanza sino evitar los excesos de la “hiperconexión”. Dicen que ahora los alumnos ya no discuten con los profesores por el uso del teléfono en clase y que en los recreos hay más conversaciones y se reinventaron entretenimientos como pintar o jugar al ping pong. También se plantean debates mensuales sobre los efectos negativos de estar todo el tiempo pendiente del celular o de las redes sociales.




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