El discurso del jefe comunal insistió en la necesidad de “trabajar juntos” y generar comunidad, en una crítica implícita al clima político nacional. Pero esa convocatoria a la unidad contrasta con una gestión que, en los hechos, sigue sin ofrecer soluciones estructurales a problemas que llevan años acumulándose.
Uno de los puntos donde esa contradicción se vuelve más evidente es la infraestructura. El propio intendente reconoció que Santa Rosa “tiene problemas” y que las obras necesarias son “millonarias”, incluso fuera del alcance municipal y provincial. La frase, más que una explicación, suena a resignación. Porque mientras se admite la magnitud del problema, no se plantea un plan concreto para resolverlo.
Los temporales recientes dejaron al descubierto, una vez más, la fragilidad urbana. Más de 70 familias asistidas, evacuaciones, barrios afectados y un sistema que colapsa ante lluvias intensas que ya no pueden considerarse excepcionales. La respuesta oficial, centrada en la rápida asistencia, vuelve a ubicarse en el terreno de la emergencia y no en la prevención. Se actúa después, no antes.
El operativo de bombeo hacia el Bajo Giuliani —con ocho bombas en funcionamiento— refleja un esfuerzo logístico importante, pero también evidencia la ausencia de obras hidráulicas de fondo. Cada lluvia fuerte reactiva el mismo esquema de contención improvisada, sin que se perciban avances estructurales que cambien el escenario.
En paralelo, el intendente sostiene que la ciudad “está mejor” que en 2019. Una afirmación difícil de sostener sin indicadores claros que la respalden. Las obras anunciadas —cloacas en Villa Germinal, asfaltado, el Parque Lineal— forman parte de una agenda de gestión esperable, pero lejos están de representar un salto cualitativo frente a los desafíos actuales.
El Parque Lineal, presentado como una obra “emblemática”, apunta más al ordenamiento urbano y estético que a resolver las urgencias estructurales. En un contexto donde los problemas de drenaje, servicios básicos y planificación urbana siguen vigentes, la prioridad de ciertas intervenciones abre un debate legítimo sobre el rumbo de la gestión.
Por su parte, el gobernador Sergio Ziliotto eligió un mensaje institucional centrado en la identidad, la cultura y el esfuerzo de los pampeanos. Un discurso que refuerza la narrativa oficial, pero que evita entrar en las tensiones concretas que atraviesa la ciudad.
El aniversario de Santa Rosa deja, así, una postal conocida: actos, discursos y celebraciones que conviven con problemas estructurales sin resolver. La apelación a la empatía y la comunidad resulta valiosa, pero insuficiente cuando no está acompañada por políticas de fondo.
Porque la verdadera prueba de gestión no está en las palabras ni en los aniversarios, sino en la capacidad de transformar una ciudad que, año tras año, sigue enfrentando los mismos límites.





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