Ajuste y chequera: estiran la concesión de Aeropuertos Argentina 2000 por 600 millones de verdes

El Ejecutivo nacional selló la renegociación con la firma de Eduardo Eurnekian para estirar el manejo de 35 estaciones aéreas. Hay exigencias financieras estrictas y un pacto para sepultar viejos litigios.
Mientras el tablero político arde, el Gobierno nacional abrochó una jugada millonaria: aprobó la renegociación del contrato de concesión de 35 aeropuertos que controla la firma Aeropuertos Argentina 2000. El paquete incluye un compromiso de inversiones adicionales por US$600 millones y estira la fiesta en las terminales aéreas hasta febrero de 2049, con una zanahoria extra que podría llevar el negocio hasta 2056.
La movida quedó cristalizada este lunes a través de la Decisión Administrativa 27/2026, publicada en las páginas del Boletín Oficial. La letra chica del convenio no deja lugar a dudas sobre los plazos y las exigencias que deberá cumplir la compañía para no perder el botín.
Los números finos del acuerdo
El pacto no es a cambio de nada, aunque la letra oficial disfraza las exigencias bajo promesas de modernización. Los puntos centrales del entendimiento son:
- Inversión directa: US$600 millones adicionales (IVA incluido) volcados de lleno a infraestructura.
- Objetivos del gasto: Obras orientadas a mejorar la capacidad, la seguridad, la calidad y la sostenibilidad de todo el sistema aeroportuario.
- Plazo base: La concesión se extiende formalmente hasta el 13 de febrero de 2049.
- La yapa: El contrato contempla una extensión condicionada que podría estirar la concesión hasta el año 2056.
- Tasa de referencia: Se fijó una tasa interna de retorno del 14,3%, utilizada como parámetro para equilibrar los números, aclarando que no se trata de una rentabilidad garantizada.
Letra chica, controles y adiós a los juicios
Para quedarse con la prórroga hasta 2056, la empresa operadora no la tendrá tan fácil. El Gobierno le metió presión con fechas fatídicas en el calendario: antes del 30 de junio de 2027, Aeropuertos Argentina deberá demostrar fehacientemente que tiene los fondos, los créditos o los compromisos financieros abrochados para encarar los trabajos. Como si fuera poco, la exigencia sube la vara al imponer que al menos el 75% de las obras estén terminadas antes del 31 de diciembre de 2031.
Desde el expediente oficial justificaron la renegociación —fruto de largas charlas entre la compañía y el Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (ORSNA)— apuntando directamente a la pandemia de coronavirus. Según los argumentos, aquella crisis alteró de manera extraordinaria el equilibrio económico-financiero de la concesión, derrumbando el tráfico aéreo y desacomodando ingresos y costos operativos.
Como bonus track de la negociación, el flamante esquema deja afuera de cualquier beneficio al polémico Régimen de Incentivos para las Grandes Inversiones (RIGI). Y para cerrar la persiana de los conflictos pasados, el acuerdo incluye una cláusula clave: el Estado nacional y la concesionaria se comprometen a desistir mutuamente de una batería de reclamos administrativos y judiciales que acumulaban polvo en los escritorios, barriendo bajo la alfombra las viejas disputas legales.













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