En una misma tonalidad, el diputado Benegas Lynch dijo que personas que compraron una tv para ver el mundial, y que ahora como Argentina no salió campeón, no quieren pagar la deuda. Y como si no fuera poco en su comentarios despectivos, tildó de “llorones” a los que reclaman ayuda para pagar sus deudas.
Pensar que la gente se endeuda porque quiso ver el Mundial en una tele mejor, y que después se enojó por perder la final y por eso dejó de pagar, es desconocer cómo vive gran parte de los argentinos y un pensamiento de alguien que no pisa la calle. Porque la realidad es que la gente está comprando comida con tarjeta de crédito.
Para entender por qué tanta gente terminó en esta situación, conviene mirar primero cómo se llega ahí.
Antes un banco pedía recibo de sueldo, antigüedad, algo que demostrar. Hoy los requisitos son casi nulos, más allá de abrir una aplicación. Mercado Pago ofrece créditos preaprobados con apenas una revisión interna de riesgo, acreditados en minutos. La propia empresa publica tasas de entre 40% y 140% nominal anual, con un costo efectivo de hasta 276%. CEPA encontró, en el mismo tipo de producto, casos que llegan al 1.375% anual. Recién en junio el Banco Central le puso un techo regulatorio a esas tasas, porque varias fintechs -la mencionada, Ualá, Brubank, Naranja X- las superaban ampliamente.
Sacar un préstamo nunca fue tan fácil, y nunca fuimos tan seducidos para hacerlo. Nos llegan todo el tiempo ofrecimientos mediante notificaciones, y estamos a un par de botones para resolver hoy lo que no alcanza, aunque pagarlo luego termine siendo cada vez más difícil.
Vamos con un par de números. Nueve de cada diez hogares argentinos tiene algún tipo de deuda. El 62,5% del uso de tarjeta se destina a comprar alimentos. Ochenta por ciento de las familias endeudadas gasta más del 30% de sus ingresos solo en sostener esos pasivos. Y uno de cada cuatro hogares tuvo que pedir un préstamo nuevo este año. Todo da como resultado que casi seis millones de personas están en mora, con una tendencia que ya lleva veinte meses consecutivos de suba. Y entre los menores de 25 años que tomaron deuda, cerca de cuatro de cada diez están en mora.
Frente a esta situación, Milei fue variando la explicación. Primero los televisores. Después las apuestas online. La explicación más elaborada llegó después cuando dijo que mora tendría sus orígenes de préstamos de 2024, cuando se congelaron los salarios por un “ataque de la política” que intentó hacer una especie de golpe de Estado. Tres versiones distintas del mismo problema, y en ninguna aparece la gestión actual como parte de la ecuación.
Caputo admitió que el costo de las billeteras virtuales es abusivo y un mal negocio. Cuando hasta tu propio ministro de Economía usa esa palabra, la explicación del televisor empieza a sonar más a chiste de asado que a diagnóstico.
En los últimos dos años, al sistema financiero se sumó un millón y medio de deudores nuevos. Pero los que cayeron en mora fueron dos millones seiscientos mil. Lo cual refleja que la gente que ya estaba adentro dejó de poder sostenerse.
En el Congreso se acumulan más de treinta proyectos para aliviar esta situación, la “Ley de Segunda Oportunidad”, o “Desendeudamiento y Reestructuración de las Familias”, proponen un sistema administrativo, casi sin costo fiscal, para reestructurar deudas cuando superan el 30% del ingreso familiar, con suspensión de embargos y freno a los intereses punitorios mientras dura la negociación.
Hay antecedente de que este tipo de medida funciona. Durante la pandemia, el Banco Central dispuso refinanciación automática y extensión de plazos, y la mora bajó de 7% a 3,2%.
La respuesta oficial a esos proyectos fue un no de manual. El vocero Ravier dijo que ayudar sería usar dinero de los contribuyentes para salvar a los bancos, y Milei calificó cualquier rescate de este tipo como moralmente incorrecto e injusto.
Pero esta misma semana el propio vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning, salió a exigirles a los bancos que absorban las pérdidas de la mora con su propio capital, sin asistencia estatal, y que bajen las tasas de refinanciación por su cuenta. Básicamente, que nadie espere plata del Estado. Ni el deudor que no puede pagar, ni el banco que prestó mal, todos se las arreglan solos. Aunque en junio haya intervenido para ponerle un techo a las tasas que cobraban las fintechs.
Entonces, si el lema es que el mercado se regula solo, ¿porque el Gobierno decide intervenir para poner un techo a lo que cobra el que presta, pero no decide meterse para proteger, aunque sea un poco, al que ya no puede pagar?.-

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