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Aportes para el desarrollo de la horticultura en La Pampa

28 Abril 2019
La producción hortícola de La Pampa ha incrementado significativamente sus rendimientos pero la demanda aún permanece insatisfecha. En este marco, docentes y estudiantes de la Facultad de Agronomía llevaron adelante un Proyecto de Extensión Universitaria (PEU) que tuvo por objetivo realizar aportes al desarrollo hortícola de La Pampa, con un enfoque social y comunitario, ante la creciente demanda de hortalizas para consumo. El vínculo con otras instituciones del medio fue crucial para la concreción de esta iniciativa.
 
En la cátedra de Horticultura de la Facultad de Agronomía aumentaron durante el año 2016 las consultas de pequeños productores hortícolas y de familias que producen en la ciudad o en zonas periurbanas. Esa producción, en general, está destinada al autoconsumo, la venta de excedentes en ferias y a pequeños minoristas.
 
 
“Anualmente, los precios de las principales hortalizas suben más del 100%. Esto impide que los sectores con menor poder adquisitivo accedan a los nutrientes esenciales que las hortalizas aportan a la dieta. Tal situación podría ser una de las causas de la incorporación de nuevos actores a la producción urbana y periurbana”, afirma Luciano Carassay, director del PEU. En este contexto, el equipo inició el proyecto -que duró dos años- junto a otras instituciones que ya se encontraban trabajando en la problemática.
 

Los pilares: la Mesa Interinstitucional y la Mesa Hortícola Provincial

 
Una de las fortalezas de la propuesta fue la vinculación con las instituciones extrauniversitarias. Por primera vez el grupo participó activamente de la Mesa Interinstitucional, compuesta por el INTA, las áreas de Agricultura Familiar de la Provincia y la Nación, y la Municipalidad de Santa Rosa; y de la Mesa Hortícola Provincial, con las que planificaron un cronograma de actividades de acuerdo a los problemas y necesidades que surgieron en esos encuentros. “Esta asociación nos ha permitido llegar con nuestros conocimientos técnicos, no solo a los productores ya consolidados, sino también a aquellos que se están iniciando y se encuentran en los barrios, cosa que no habíamos hecho nunca. Nos dio una mayor presencia territorial”, comenta Carassay.
 
A través del trabajo conjunto concretaron acciones que intentaron contribuir a fortalecer este sector de la economía social en crecimiento: durante 2017 y 2018 organizaron charlas, cursos, talleres, jornadas y visitas a horticultores. Las capacitaciones se refirieron a las tecnologías para la producción de hortalizas a pequeña escala con enfoque agroecológico, huerta familiar agroecológica, lombricultura y compostaje, construcción de huerta agroecológica y sistema de riego. Además, se llevaron a cabo tres jornadas de actualización hortícola, en las que intervinieron referentes a nivel nacional respecto del manejo integrado de plagas y enfermedades, técnicas en producción de plantines y cultivo de ajo.
 
 
Algunas se desarrollaron en escuelas de Toay, otras en las instalaciones del la Colonia Penal de Santa Rosa -institución con la que luego se firmó un Convenio-, y también en las dependencias de la Facultad. Tuvieron, asimismo, una participación activa en la región: realizaron viajes a Colonia 25 de Mayo y Casada Piedra (zona de regadío de la Provincia), en las que visitaron a pequeños agricultores familiares, quienes les hablaron sobre el contexto social y las necesidades del sector. Otro destino fue Rolón, localidad en la que intercambiaron saberes y experiencias con los productores. Allí, además de los cultivos de hoja tradicionales, se producen algunas hortalizas que provienen de otras regiones y países, que eran desconocidas por los extensionistas.
 
Entre los objetivos que se propusieron, lograron realizar asesoramiento técnico y evaluación de cultivos a horticultores de General Pico, Santa Rosa y Macachin; consolidaron el contacto con personas de la comunidad, agricultores urbanos o de barrios de la periferia, que no tenían el conocimientos para la construcción de una huerta, y con distintas instituciones que se acercaron a plantear actividades e inquietudes. Por último, estrecharon los vínculos con los técnicos que trabajan para las instituciones públicas que intervinieron en este proyecto. Para Carassay, todas estas actividades han permitido una gran visibilización de la cátedra. “Ahora mucha gente nos conoce y sabe dónde puede encontrarnos para hacer sus consultas”.
 

Fomentar la agricultura orgánica y la agroecología

 
Además de incorporar nuevos productores también intentaron inculcar en ellos la práctica de la agricultura orgánica y la agroecología. Los avances en el plantinero y almácigo de la Huerta Didáctica y Experimental de la Facultad, posibilitó hacer prácticas en este sentido. El planteo de los especialistas para producir en un contexto agroecológico es apelar a la diversidad, al monitoreo de plagas, utilizar de modo científico los agroquímicos, entre otros aspectos. Oscar Siliquini, co-director del PEU, sostiene que hay algunos productos orgánicos amigables con el ambiente y que trataron de incentivar su uso en las jornadas. También hicieron recomendaciones sobre el modo correcto de emplear los agroquímicos: “les decimos a los productores que los utilicen solo si es necesario, que respeten las dosis y los momentos de aplicación para que las hortalizas que se cosechen no afecten a la salud humana”.
 
Carassay agrega que a nivel nacional con frecuencia se difunde información en los medios de comunicación acerca de la contaminación de verduras con estos productos químicos. “En la Pampa no sabemos lo que pasa; lo que sí sabemos es que hay cada vez más productores conscientes porque vienen a nuestras capacitaciones debido a que les preocupa el tema. En la cátedra tenemos tendencia a trabajar con productos de empresas inscriptos como orgánicos. Algunos son obtenidos de lixiviados de lombriconpuesto (FFO) y otros de plantas que actúan como insecticidas orgánicos; por ejemplo, el neemazal, que es obtenido del árbol Azadarichta indica (de origen indio). Y un alimento rociado con un producto de este tipo se puede consumir al día siguiente y no causa ningún daño en la salud humana”, asegura.
 

Diagnóstico

 
Silliquini indica que hay unas 20 hectáreas bajo cubierta consolidadas destinadas al cultivo de hortalizas, en las que predomina el cultivo de hoja. Los horticultores pampeanos abastecen solo el mercado interno y compiten con los de otras zonas. Carassay describe cómo es el proceso de comercialización y cuál es la ventaja que tienen los locales: “las hortalizas [cita el caso de la lechuga] que provienen de los mercados concentradores llegan a Santa Rosa desde distintos puntos como Buenos Aires, La Plata, Santiago del Estero y de los diferentes ‘cinturones verdes’ luego de varios días. Ese producto se transporta sin cámara de frío y, a veces, al rayo del sol. Cuando el verdulero abre el cajón (de unos 10 kilos), pierde el 70 u 80% de su contenido porque no está en buenas condiciones. Lo que le queda debe comercializarlo en 3 o 4 días, antes que se eche a perder definitivamente. Por el contrario, el productor local tiene la posibilidad de colocar inmediatamente su producción en las verdulerías, el 100% del contenido de su cajón es utilizable y puede permanecer 7 u 8 días en los locales en óptimas condiciones para su venta. Además, no tiene los costos de transporte que el producto que viene de afuera”. Por estos motivos, es que recomiendan fomentar la horticultura.
 
Sin embargo, algunos deben solucionar problemas comunes para consolidar y expandir su actividad. Estos son el acceso y la tenencia de la tierra, y la calidad del agua, que es variable según la zona de La Pampa. El conocimiento de las problemáticas, el perfil y las experiencias recabadas a nivel local permitiría generar una política de desarrollo hortícola provincial, coinciden los docentes y extensionistas.

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