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Opinión: En mora | Por Federico Rodríguez Castro

Opinión: En mora | Por Federico Rodríguez Castro
“Se compraban televisores para ver el Mundial y después veían si pagaban o no.” Eso dijo Milei en la Bolsa de Rosario, con aplausos de fondo. Y en otra ocasión agrego “nadie les puso una pistola en la cabeza para endeudarse”. Dos formas elegantes de despreciar a quienes usan el crédito como último recurso para pagar comida, alquiler, servicios, colegio, etc.
Por Federico Rodríguez Castro
 
En una misma tonalidad, el diputado Benegas Lynch -presidente de la Comisión de Presupuesto y Haciendo- dijo que personas que compraron una tv para ver el mundial, y que ahora como Argentina no salió campeón, no quieren pagar la deuda. Y como si no fuera poco en su comentarios despectivos, tildó de “llorones” a los que reclaman ayuda para pagar sus deudas.
 
Cuando alguien con poder de decisión sobre la economía de un país prefiere una explicación cómica antes que una incómoda, está diciendo algo sobre a quién le rinde cuentas y a quién no.
 
Pensar que la gente se endeuda porque quiso ver el Mundial en una tele mejor, y que después se enojó por perder la final y por eso dejó de pagar, es desconocer cómo vive gran parte de los argentinos y un pensamiento de alguien que no pisa la calle, y hasta diría de alguien que no va a los supermercados.
 
Porque la realidad es que la gente está comprando comida con tarjeta de crédito. El 62,5% del uso de tarjeta en los hogares argentinos se destina a alimentos. Hace falta que la economía de una casa esté bastante mal -ni ajustada, ni incómoda, mal- para terminar pagando en cuotas lo que se compra en el supermercado, o mejor dicho lo que antes se podía pagar al contado. Es la última opción antes de que falta la comida en la mesa, y a mi parecer confundir estas cuestiones, viviendo de alguien que gobierna, es una falta de respeto bastante concreta hacia la gente que la está pasando mal.
 
Para entender porque tanta gente terminó en esta situación, conviene mirar primero cómo se llega ahí. Antes un banco pedía recibo de sueldo, antigüedad, algo que demostrar. Hoy los requisitos son casi nulos, más allá de abrir una aplicación. Mercado Pago ofrece créditos preaprobados con apenas una revisión interna de riesgo, acreditados en minutos. La propia empresa publica tasas de entre 40% y 140% nominal anual, con un costo efectivo de hasta 276%. CEPA encontró, en el mismo tipo de producto, casos que llegan al 1.375% anual. Recién en junio el Banco Central le puso un techo regulatorio a esas tasas, porque varias fintechs -la mencionada, Ualá, Brubank, Naranja X- las superaban ampliamente.
 
Sacar un préstamo nunca fue tan fácil, y nunca fuimos tan seducidos para hacerlo. Nos llegan todo el tiempo ofrecimientos mediante notificaciones, y estamos a un par de botones para resolver hoy lo que no alcanza, aunque pagarlo luego termine siendo cada vez más difícil.
 
Así empieza para muchos un círculo cada vez mas tedioso de salir. Más de la mitad de los usuarios de tarjeta paga solamente el mínimo mes a mes. Es una trampa. La deuda nunca termina de bajar, los intereses se acumulan sobre lo que ya se debe y la cuota de “hoy” se convierte en la de siempre. Puede o no haber conciencia financiera, pero cuando hay que elegir entre pagar el mínimo o no comer esa semana, deja de importar el costo a largo plazo. Y cuando un mes no alcanza para el mínimo, arranca la etapa judicial. Los juicios ejecutivos por cobro de deudas de consumo vienen en alza.
 
Vamos con un par de números. Nueve de cada diez hogares argentinos tiene algún tipo de deuda. El 62,5% del uso de tarjeta se destina a comprar alimentos. Ochenta por ciento de las familias endeudadas gasta más del 30% de sus ingresos solo en sostener esos pasivos. Y uno de cada cuatro hogares tuvo que pedir un préstamo nuevo este año. Todo da como resultado que casi seis millones de personas están en mora, con una tendencia que ya lleva veinte meses consecutivos de suba. Y entre los menores de 25 años que tomaron deuda, cerca de cuatro de cada diez están en mora.
 
Frente a esta situación, Milei fue variando la explicación. Primero los televisores. Después las apuestas online. La explicación más elaborada llegó después cuando dijo que mora tendría sus orígenes de préstamos de 2024, cuando se congelaron los salarios por un “ataque de la política” que intentó hacer una especie de golpe de Estado. Tres versiones distintas del mismo problema, y en ninguna aparece la gestión actual como parte de la ecuación.
 
Caputo admitió que el costo de las billeteras virtuales es abusivo y un mal negocio. Cuando hasta tu propio ministro de Economía usa esa palabra, la explicación del televisor empieza a sonar más a chiste de asado que a diagnóstico.
 
En los últimos dos años, al sistema financiero se sumó un millón y medio de deudores nuevos. Pero los que cayeron en mora fueron dos millones seiscientos mil. Lo cual refleja que la gente que ya estaba adentro dejó de poder sostenerse.
 
En el Congreso, mientras tanto, se acumulan más de treinta proyectos para aliviar esta situación, la “Ley de Segunda Oportunidad”, o “Desendeudamiento y Reestructuración de las Familias”, proponen un sistema administrativo, casi sin costo fiscal, para reestructurar deudas cuando superan el 30% del ingreso familiar, con suspensión de embargos y freno a los intereses punitorios mientras dura la negociación.
 
Hay antecedente de que este tipo de medida funciona. Durante la pandemia, el Banco Central dispuso refinanciación automática y extensión de plazos, y la mora bajó de 7% a 3,2%.
 
La respuesta oficial a esos proyectos fue un no de manual. El vocero Ravier dijo que ayudar sería usar dinero de los contribuyentes para salvar a los bancos, y Milei calificó cualquier rescate de este tipo como moralmente incorrecto e injusto.
 
Pero esta misma semana el propio vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning, salió a exigirles a los bancos que absorban las pérdidas de la mora con su propio capital, sin asistencia estatal, y que bajen las tasas de refinanciación por su cuenta. Básicamente, que nadie espere plata del Estado. Ni el deudor que no puede pagar, ni el banco que prestó mal, todos se las arreglan solos. Aunque en junio haya intervenido para ponerle un techo a las tasas que cobraban las fintechs.
 
Entonces, si el lema es que el mercado se regula solo, ¿porque el Gobierno decide intervenir para poner un techo a lo que cobra el que presta, pero no decide meterse para proteger, aunque sea un poco, al que ya no puede pagar?. Claramente un gobierno que interviene cuando quiere, y elige cada vez de que lado de la mecha se encuentra. Cuando hace falta cuidar al sistema financiero, ahí si hay margen para actuar. Pero cuando hace falta cuidar a las familias que no llegan a fin de mes, la respuesta es que el mercado se regula solo .-
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