SJ TheDaily - шаблон joomla Форекс
+

La cuestión de los ríos pampeanos y el Papa Francisco

Nuestro querido Papa Francisco hizo de la cuestión ambiental, uno de los ejes fundamentales de su pontificado. Para aproximarse a su pensamiento, basta con leer su encíclica Laudato Si', sobre el cuidado de la casa común. Allí comienza señalando el "uso irresponsable" y el "abuso de los bienes que Dios a puesto" en nuestra hermana naturaleza que "nos sustenta" y con quién "compartimos nuestra existencia".
 
Dada la magnitud de los problemas ambientales, "ya no es posible encontrar una respuesta específica e independiente para cada parte del problema", sino que es fundamental entender la complejidad del asunto (el todo es superior a la mera suma de las partes) y encontrar soluciones profundamente arraigadas en la realidad concreta (la realidad es superior a la idea). No obstante, Francisco advierte que "muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas suelen ser frustrados, no sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas".
 
Seguramente, muchas de estas actitudes han jugado parte importante del conflicto histórico por los ríos entre La Pampa y Mendoza. Momentos de "negación del problema" por parte de la dirigencia mendocina; momentos de "resignación cómoda" por parte los pampeanos; momentos de "indiferencia" por parte del pueblo mendocino al reclamo pampeano, y al mismo tiempo, momentos de "indiferencia" por el común de la sociedad pampeana no afectada directamente. Finalmente, también hoy podemos estar corriendo el riesgo de caer en "la confianza ciega en las soluciones técnicas" si circunscribimos el problema sólo a la cuestión estrictamente legal, a los especialistas en recursos hídricos o a las organizaciones ambientalistas comprometidas. A veces es necesario salir del enfoque especializado, para entrar en el sentido común que ilumina.
 
En este sentido, el Sumo Pontífice nota que "hay regiones con abundante agua y al mismo tiempo otras que padecen grave escasez... Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado". Por otro lado, remarca que el acceso al agua "es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos". Y para completar el capítulo específico sobre la cuestión del agua, manifiesta que "el problema del agua es en parte una cuestión educativa y cultural, porque no hay conciencia de la gravedad de estas conductas en un contexto de gran inequidad".
 
Entre los más allegados a Bergolgio, es común escuchar hablar sobre iniciar procesos "de abajo hacia arriba" y "de la periferia al centro". Estos principios ordenadores, nos determinan el extremo más débil que merece nuestro mayor esfuerzo de bondad. Si lo aplicamos a la cuestión de los ríos entre La Pampa y Mendoza, el sentido común nos indica que a nuestra provincia le toca el "abajo" o "la periferia" de los ríos por estar mas cerca de su desembocadura, por la distancia que tiene que recorrer el agua, por el menor caudal que nos atraviesa, o simplemente, porque en algunos casos, ni agua llega.
 
Cuando escuchamos que mezquinamente hay quienes argumentan que el pueblo Pampeano no merece el agua porque "no la usan" o porque "no tienen obras específicas", es ahí cuando comprendemos profundamente el reclamo del Papa Francisco al sentenciar que "la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas".
 
"El regalo de la tierra con sus frutos pertenece a todo el pueblo", pero lamentablemente, "seguimos tolerando que unos se consideren más dignos que otros". "Hoy creyentes y no creyentes estamos de acuerdo en que la tierra es esencialmente una herencia común, cuyos frutos deben beneficiar a todos". "Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno". "El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Quien se apropia algo es sólo para administrarlo en bien de todos. Si no lo hacemos, cargamos sobre la conciencia el peso de negar la existencia de los otros". Son sentencias del Sumo Pontífice que, como anillo al dedo, esclarecen nuestro conflicto por los ríos.
 
“Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios" señala Francisco, pero pareciera que en el interior de su Argentina, hay soberbias voluntades humanas que se adjudican la potestad de negarnos esa caricia Divina.
 
A esta altura de la evolución del conflicto, cabe que los Pampeanos y Mendocinos nos preguntemos: ¿es más importante la voluntad del hombre que interrumpe el río para utilizarlo como recurso en la generación de energía; o es más importante la voluntad natural que anhela seguir su curso, sembrando vida a su paso, hasta la desembocadura? Nuestras generaciones están presenciando el techo del posibilismo humano que se pregonaba “dueño” de la naturaleza. Por eso, claramente, Francisco comienza su encíclica denominándola nuestra “Hermana naturaleza” para indicarnos que los hombres no somos dueños sino responsables por su dolor, por su cuidado y por su reproducción.
 
La vida social y política no se da sin conflictos. Es por eso, que el Papa nos alienta en Evangelii Gaudium que la manera adecuada de situarse ante el conflicto es la de asumirlo: “Aceptar el conflicto, resolverlo y transformarlo en eslabón de un nuevo proceso”. Necesitamos sufrir, resolver y transformar los conflictos para no quedar entrampados en ellos. Transformarlo significa elevarlo hacia un plano superior conformado por la esperanza amable donde la unidad sea superior al conflicto. Transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso para el bien de todos, aún de los mismos adversarios, priorizando el tiempo sobre el espacio. El método es el diálogo, aunque sea doloroso, pues los adversarios deben renunciar a autoabsolutizarse, a fin de reconocer la verdad parcial del otro.
 
Quizás sea hora de que los Pueblos de Mendoza y La Pampa volvamos a encontrarnos en un punto superior. Porque como indica su Santidad: “la esperanza nos invita a reconocer que siempre hay una salida, que siempre podemos reorientar el rumbo, que siempre podemos hacer algo para resolver los problemas.”
 
 
por Germán Sanchez Arias

Comercial: +54 2954 806082

Tu mensaje: +54 2954 350100

Mail: comercial@diarionoticias.com.ar

Redacción: redaccion@diarionoticias.com.ar

 ADMINISTRADOR