El telescopio espacial Nancy Grace Roman despegó con éxito este domingo a las 8.26 de la Argentina desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, propulsado por un cohete Falcon Heavy de SpaceX, dando inicio a un trayecto hacia el punto de Lagrange L2, a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra.
Tras separarse del vehículo lanzador, el observatorio desplegó sus paneles solares, vinculó sus comunicaciones con las estaciones terrestres y alcanzó el estado denominado power positive, el último hito crítico de la secuencia inicial que confirma que ya genera la energía requerida para operar de manera autónoma. La partida coronó más de 15 años de diseño, construcción y ensayos, y dio paso a una etapa de puesta en servicio estimada en unos 90 días previa al inicio de las labores científicas.
El astrónomo Diego Bagú señaló que este telescopio “va a ser algo extraordinario para ver” debido a la calidad de sus imágenes, y adelantó que facilitará “descubrir detalles de la galaxia y del espacio profundo, entre ellos miles de exoplanetas, y seguir investigando sobre un enigma que nos tiene ocupados, que es la materia y energía oscura”. El aparato rinde homenaje con su nombre a la primera jefa de Astronomía de la NASA y principal impulsora de los observatorios espaciales, y registrará imágenes del cosmos fundamentalmente en luz infrarroja.
Su espejo principal cuenta con 2,4 metros de diámetro —idéntico al del Hubble— y proyectará la luz hacia el Instrumento de Campo Amplio, una cámara de 300 megapíxeles con un campo de visión que supera al menos 100 veces al del histórico observatorio. Gracias a esta configuración, el equipo examinará amplias porciones del cielo manteniendo la resolución necesaria para analizar estrellas, galaxias y sistemas planetarios. Durante los relevamientos, el dispositivo calculará la ubicación y la distancia de cientos de millones de galaxias y documentará supernovas acaecidas en distintas fases de la historia universal.
Mediante estos registros, los especialistas buscarán reconstruir los cambios en la expansión del cosmos a lo largo de miles de millones de años y examinar el comportamiento de la energía oscura, denominación atribuida a la fuerza relacionada con dicha aceleración. Asimismo, elaborarán mapas de la materia oscura analizando las sutiles distorsiones que la gravedad genera en la luz de cuerpos más lejanos.
Otro eje central se enfocará en los exoplanetas, supervisando cerca de 200 millones de estrellas orientadas hacia el centro de la Vía Láctea en busca de variaciones lumínicas originadas por la microlente gravitacional, un fenómeno donde un objeto incrementa temporalmente el brillo de una estrella situada en un plano posterior. La NASA calcula que este procedimiento permitiría hallar más de 1000 planetas, contemplando mundos distantes de sus estrellas y cuerpos errantes que deambulan por la galaxia sin orbitar ningún astro. El análisis posibilitará deducir la diversidad de planetas existentes y la frecuencia de sistemas con estructuras semejantes a la del sistema solar.
Como segundo instrumento, Roman incorpora un coronógrafo diseñado para bloquear el resplandor estelar y permitir la visualización de planetas gigantes y discos de polvo cercanos, planteado por la agencia espacial como una demostración tecnológica cuyo rendimiento servirá de base para futuros observatorios destinados a estudiar mundos más pequeños.
Previo a su fase de observación, el telescopio completará su desplazamiento junto a una serie de despliegues, encendidos y calibraciones. En los próximos días, los operadores extenderán la antena de alta ganancia y la cubierta de apertura, y ejecutarán una corrección de trayectoria. El coronógrafo será el primer instrumento en encenderse, mientras que el Instrumento de Campo Amplio se activará cerca de dos semanas más tarde para iniciar las pruebas de precisión y estabilidad.
Al concluir estas tareas, el observatorio se posicionará en una órbita amplia alrededor de L2, la misma zona donde opera el telescopio espacial James Webb. La interacción gravitacional entre el Sol y la Tierra posibilita conservar allí una trayectoria relativamente estable con un consumo menor de combustible y condiciones térmicas favorables para la observación infrarroja.
Roman transmitirá aproximadamente 1,4 terabytes de datos sin procesar diariamente, información que estará disponible para la comunidad científica tras su procesamiento, sin plazos de acceso exclusivo para los grupos encargados de las mediciones. La NASA prevé difundir las primeras imágenes científicas a comienzos de 2027, con un periodo principal de actividad fijado en cinco años y la preparación del observatorio para operar un lustro adicional si los sistemas y el combustible remanente lo posibilitan.