Por Federico Rodriguez Castro
En Argentina el outsider no es una novedad ni mucho menos una anomalía, es casi un instrumento de medición. Cada tanto aparece alguien ajeno a la política tradicional, del palo del deporte, de la música, empresarial y hasta de la farándula; y los espacios políticos lo usan, sin saberlo del todo, como para tomar temperatura al humor del momento. El antecedente más obvio es Macri, expresidente de Boca que se armó su propio espacio político hace más de diez años y tuvo bastante éxito en las urnas. Ser presidente de un club funciona, en la lógica argentina, como una suerte de precalentamiento institucional. Jorge Brito, banquero y expresidente de River, encaja en ese mismo molde.
A Brito se le suma Daniel Hadad, que además de manejar Infobae lleva meses dando entrevistas donde confirma su candidatura, casi como una especie de pesca para ver con qué espacio político puede cerrar. Y por último aparece Dante Gebel, un pastor evangélico que supuestamente llena estadios. En Brasil, la bancada evangélica del congreso hoy reúne más representantes que toda la izquierda junta.
Ninguno de los tres casos confirma nada, pero están queriéndose meter en la conversación, tanteando, esperando. Saben que hay vacantes. Ninguno es, todavía, una pieza del tablero. Son la prueba de que sobra espacio para una —y si 2023 fue una elección de tercios, esta pinta de cuartos.
El mapa político se está gestando en este mismo momento, pieza por pieza. Desde el oficialismo ya se blanqueó que Milei irá por la reelección, y el propio presidente, con una cuota de misterio, dijo tener ya decidido el nombre de quien lo acompañará en la fórmula.
El peronismo, al no lograr mostrar un candidato único, deja de competir como una fuerza y pasa a competir como dos: Kicillof construye su propio espacio “Derecho al Futuro”, deliberadamente por fuera de la estructura tradicional del PJ, mientras del otro lado el kirchnerismo de pura cepa no logra mostrar un liderazgo que vaya más allá de la propia Cristina. Y en el medio de todo esto, el 6 de agosto reapareció alguien que nadie había vuelto a nombrar en meses: Sergio Massa, moviendo hilos con gobernadores para sumarle votos en contra a la Ley de Tierras. Alcanzó con un par de llamadas para recordar que todavía tiene caudal político para ofrecer, en un peronismo que anda escaso de eso
Si efectivamente el peronismo se reparte en dos ofertas, del otro lado se genera una tentación. Macri —que dejó de ser furgón de cola del mileísmo— evalúa jugar con lo que le queda del PRO. Bullrich, que sabe que 2027 puede ser su última chance, negocia por su cuenta, más cerca de Casa Rosada que del propio Macri. No está claro si terminan siendo un bloque o dos ofertas compitiendo por el mismo electorado.
Y hay algo más que conviene no perder de vista, puede que algún gobernador o legislador del interior con peso propio y territorio real todavía pueda sumarse a alguno de los dos bandos peronistas, e intentar correr el eje de esa mitad del peronismo hacia adentro del país.
El gobierno negocia con los gobernadores suspender las primarias de 2027. Las PASO, se quiera o no, es el mecanismo que fuerza a ordenarse. Sin esa fecha, el peronismo puede seguir partido en dos, tres, o los que hagan falta, sin resolver nada, solo posponiendo. Y a Milei, cuartos no le asustan. Le convienen.-