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Dilemas “progres”: entre la polarización y lo testimonial

07 Agosto 2018
El progresismo pampeano ha quedado atrapado por la polarización entre el PJ y Cambiemos. Por supuesto, más cómodo están los que se referencian con el campo peronista, y más complicados los que están en el no peronista. De cara a 2019, el pensamiento que los apremia es cómo ubicarse frente a estas dos grandes coaliciones.
 
 
Por Norberto Asquini
Licenciado en Ciencias Sociales (UNQ) y periodista.
 

 

 

El Frente anti-Macri

 
Vamos a establecer una cuestión antes de avanzar en el análisis: voy a considerar progresista en la política de La Pampa a los sectores que llevan adelante una agenda de centroizquierda. Después, cada uno tendrá su opinión de quién es más “progre” y quién es menos.
 
En el campo peronista el progresismo está más cómodo. En el congreso peronista de Quemú se vio a los representantes del kirchnerismo sonrientes y aplaudiendo hasta al presidente del PJ, Rubén Marín, a quien hace poco cuestionaban. La mayoría de ese ala fue parte en 2015 de la lista que quiso jubilar al vernismo-marinismo, que hoy gozan de buena salud, a la que consideraban de “derecha” y la cara “vieja” de la política.
 
Hoy el gobernador Carlos Verna es opositor a la gestión macrista y frente a Cambiemos podemos decir que puede estar ubicado “más a la izquierda”, o tiene un perfil más “nacional y popular”, de acuerdo a las posturas asumidas ante los grandes temas. Reclamo por los ajustes que repercuten en sectores de la población, crítico al acuerdo con el FMI y el aval al proyecto de legalización del aborto así lo posicionan. Una distancia significativa con referentes de Cambiemos como el senador Juan Carlos Marino, un estanciero de la rama conservadora del radicalismo votando en contra del proyecto de legalización del aborto o avalando el acuerdo con el FMI o los despidos en Télam.
 
Verna convocó a un frente anti-Macri para 2019. Será el Frente Justicialista que pretende abarcar a todos los sectores opositores al gobierno nacional. Adentro se sienten incluidos no solo los massistas sino los kirchnerismos hoy afines al oficialismo pampeano como el camporismo y el Frente Barrial. El PJ quiere una coalición que contenga todo lo que pueda y le abre así la puerta a los sectores progresistas. Para la mayoría de sus dirigentes, el límite será hasta los kirchneristas Nuevo Encuentro y Partido Humanista. Algunos, como lanzó el diputado Espartaco Marín, quieren ir un poco más allá para sentarse a hablar con sectores del kirchnerismo no peronista o con la izquierda. El peronismo, indica Marcos Novaro, tiene la “astucia histórica” de su ubicuidad ideológica y su flexibilidad programática. Pero tampoco es para tanto.
 
 

Pragmatismo, la gran cuestión

 
El progresismo provincial sufre una tendencia histórica: desde hace tiempo su presencia institucional esta en rezago y se ha ido desperfilando y atomizando. En el campo no peronista ha sido mucho más evidente, sobre todo por el avance del macrismo y la conversión de la UCR en Cambiemos. En el peronismo, el kirchnerismo sigue siendo la minoría intensa, y se puede percibir un kirchnerismo cultural, pero sus referencias políticas lejos están de las expectativas que tenían en 2015. De ahí a que en sus estrategias electorales, la dimensión ideológica quede en muchos casos suspendida por cuestiones más urgentes como sobrevivir en un escenario polarizado en el que hay que elegir de qué lado estar. Por eso se definen los espacios de pertenencia más por pragmatismo que por convicción. El gran dilemsa es sumarse al PJ o a Cambiemos y tratar de sostenerse en el mapa político, o intentar un camino de purismo ideológico y quedar atrapado en posturas más testimoniales, como muchos sectores de izquierda, y replegarse aún más.
 
 

Un Cambiemos más digerible

 
Hay dos ejes estructurantes de la política provincial que se entrecruzan y llevan aún más complejidad a cualquier análisis que se haga desde lo ideológico. El escenario provincial siempre se dividió en el campo peronista y no peronista, pero ahora se superpone el de Provincia-Nación, o el de ser opositor a Macri o ser parte de una coalición que tiene como referencia al presidente.
 
Si el progresismo K se siente cómodo con el Frente Justicialista provincial como coalición anti-Macri, lo contrario se puede advertir en quienes están más cerca del polo Cambiemos. Las políticas actuales y la situación económica que han golpeado la imagen presidencial, ponen un freno a la incorporación de esos sectores a un frente opositor al PJ. Los dos principales partidos que lo conforman, el PRO y los radicales, son parte de la alianza nacional Cambiemos y van confluyendo (a los golpes) en esa marca electoral para 2019. El límite para el progresismo está puesto en incorporarse a esa alianza directamente identificada con el macrismo, que les hace ruido, o ser parte de un frente provincial anti-PJ que intente soslayar esa identificación y que haga más asimilable su asociación.
 
El panorama es complejo, y tenemos como ejemplo al Partido Socialista. En lo nacional se va conformando una alternativa para 2019 en el que está el gobernador Miguel Lifschitz, Ricardo Alfonsín y Margarita Stolbizer y que podría acercarse al peronismo frente al macrismo. En Río Negro, el PS tiene una alianza con el peronismo en lo provincial y en Santa Fe se considera esa posibilidad para conservar la gobernación. En otras provincias, como Jujuy o Mendoza, el socialismo integra las coaliciones cambiemitas locales, aunque esté disconforme.
 
La elección de 2019 en La Pampa, cada vez más próxima producto del desdoblamiento anunciado por el oficialismo provincial, estará polarizada entre el Frente Justicialista y Cambiemos. Una tercera posición sería hoy lanzarse a la gran aventura. En este escenario al progresismo pampeano le llueven dilemas que solo podrán sortean con pragmatismo.

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